Tu amistad me cura el alma

                 La soledad

                                                                               Jesús luz del mundo”Jn8, 12-20

La soledad es para muchos, búsqueda, plenitud creativa, existencial y trascendencia, como cantaba Neruda “Soledad en tu manto /, cosechas de reflexión germinan/ y encuentro en ti mi refugio y mi jardín”

O  decía  otro Nobel, Octavio Paz que la soledad  es ”la paz en el bullicio del mundo, en tus brazos  descubro mi plenitud”; para muchos es otra cosa,  para otros, un ser sin rumbo cierto, donde la soledad va pareja con el miedo: El aislamiento y la soledad que conlleva  es  uno de los  mayores dolores del ser humano. El aislamiento fruto de la segregación,  Te priva de cualquier horizonte humano al que los demás pueden aspirar! Sentir la angustia de no ser amado!. El corazón se puede morir de hambre de amor o de dolor. Esta soledad mata la vida. En la desazón de la soledad, la tendencia es abandonarse en la oscuridad y se labra la desesperanza  y la pérdida del sentido de la vida: “la soledad no es sólo la ausencia de personas,  es la ausencia de un propósito, de un significado” dice el escritor HaruKi Murakami. La soledad como todas las posibilidades humanas  es ambivalente, puede ser un camino hacia la plenitud, la creación, o un camino hacia “el infierno”.

Estamos en este pasaje ante un Jesús  que dice que es la luz del mundo, la luz de la vida, es decir continua compañía ¿Es posible que la vida y la obra de Jesús  pueda seguir siendo relevantes, desafiantes para  toda persona de nuestro tiempo, para la humanidad de hoy?

El anuncio de Jesús de ser luz del mundo, estas palabras” las pronunció Jesús junto al atrio del tesoro”Jn8, 20. ¿Qué nuevos significados nos puede dar este evangelio? Meditando este versículo  al comprender quienes estaban dentro de ese atrio del templo, me evocó y sentí la compasión de Dios en  la profunda soledad que acompaña siempre al estigmatizado, y rechazado: Mujeres puérperas, “estériles” leprosos, enfermos, ciegos, gentiles, viudas, eunucos, los  excluido de la santidad de Dios: los “impuros”, que eran los que allí estaban; al fin y al cabo personas en busca de humanidad y  a los que se dirigió Jesús anunciándoles que la vida tiene sentido:”…quien me siga no caminará en tinieblas”.   Pensé, todas estas personas tan estigmatizadas por las leyes judías, que solas debieron de sentirse, invisibles para otros, tan ausentes que “no se  permitía tocarles” era un pecado muy grave .Entonces  sentí la soledad  de los anciano hoy, “extranjero” migrantes,  las personas con discapacidad,  enfermos mentales, la soledad de los distintos, la soledad de los enfermos graves en una sociedad que sólo valora  la productividad; el tremendo sufrimiento de personas que llevando vidas  socialmente normales viven una profunda e inmisericorde soledad.  En todos ellos y ellas  cuanto amor maltratado, derramado devastado hay. Si nos detenemos en cada uno, descubrimos una soledad distinta, pero todas duelen, como las personas que estaban en el atrio  del templo que refiere el evangelio, todos ellos y ellas salpicados de dolor y estallando su poder sobre ellos. Aislados, excluidos porque decretamos que son diferentes, que son distintos y provocamos en ellos una soledad que les hace sentirse incomunicados con su propio espacio vital. Lo aterrador que es ver, y no ser visto!  ! Ser trasparente para los otros!. El estigma que dejamos caer sobre ellos, neutraliza nuestra moral de fraternidad y nos da permiso para excluirlos, y entonces, nos quedamos dentro de nuestra propia oscuridad,. Un seguidor de Jesús hará bien   en  desactivar estigmas y estereotipos, es decir prejuicios, que son nuestras jaulas mentales y activadores de odio. La vida de los que estaban allí  dentro del  atrio era complicada frágil, irregular para entonces y Dios quiso estar  también dentro de ellos, de sus historias como de la de los que están solos y solas  hoy,  soledad que  está ocupada por grandes preguntas, muchas tristezas y desasosiegos…la soledad de quien pierde un ser querido, que pierde una fuente de amor, de intimidad, y una forma de vida.

 

La soledad, que  es el hueco donde guardas las ausencias de los otros,  es también, una responsabilidad ética “De acá nos preocupamos por los pobres, ahora debemos preguntarnos por los infelices”  decía el carismático presidente de Uruguay  Pepe Mujica.!! La soledad también nos puede confundir, aislar y desestabilizar. Decía la poeta A. Pizarnick “He desplegado mi orfandad sobre la mesa como un mapa /Los que llegan no me encuentran/ los que espero no existen

En este atrio del templo al que se refiere este pasaje estaban las luminarias  que se encendían para ser vistas desde cualquier parte de Jerusalén, alumbraban bien, pero no se veía la penuria de las y los que allí estaban penando o pagando para librarse de su impureza. Junto al atrio de la diversidad segregada e impura, lo dijo Jesús y  creo que sigue invitando hoy a que salgan de sus gueto  pregonen también su vida y a nosotros  que les demos espacio en el corazón. “Yo soy la luz del mundo Quien me siga no caminará en tinieblas”Jn8 12     Invita a salir y dejar de vivir la vida a oscuras, sin las violencias soterrada. “Un camino abierto a todos es el signo definitorio y definitivo del amor de Dios al ser humanos” Señalaba la mística y filosofa S: Weil  que hablaba   del desarraigo como herida de vida, herida de soledad.

Descubrirse  excluido debe de ser descorazonador; pero también sentirse solo, sin que nadie te segregue. La soledad pasiva de esa que viene  sin motivo aparente y que no se debe a una crisis o a una pérdida es aterradora para muchas personas. “El alma es una plaza abandonada, cómo llenarte soledad” decía el poeta L. Cernuda. Elvira Sastre poeta segoviana habla de la soledad acostumbrada a la herida. Jesús sale al paso también de la soledad que no sabes de donde viene, la soledad pasiva de los ausentes o incapaces de la vida “No os dejo solos”

La soledad puede doler,  confundir, desestabilizar, aislar, lo puede hacer hasta de nosotros mismos. En soledad la necesidad de arraigar, de echar raíces se ven frustradas. La mayor soledad es la ausencia de vida propia, vivir de prestado, lejos de ti misma, sin saber qué lejos  quedas  de ti “¡Qué soledad, como de ser sin alma/ o con mas alma de lo conveniente” decía la poeta Ida Vítale.

La soledad también, es necesaria para entendernos y entender el mundo, también conforta y nos ayuda a conectar con nuestro interior,  a desarrollar vínculos eficaces, la soledad puede ser muy creativa y muy fértil. Esta ambivalencia de la soledad, la expresaba muy bien el poeta Pedro salinas: ”Soledad, soledad, tú me acompañas y de tu propia penas me liberas” “Tú me das fuerza y debilidad”

A Jesús le preocupaba profundamente la soledad: “Me voy pero no os dejo solos”Jn14, 26-28 dijo dijo Jesús a sus discípulos y en el Génesis dijo Dios “No es bueno que el ser humano esté solo”

.Jesús  les reprochó  a sus discípulos que le dejaran solo, más de una vez. Jesús  como tantas personas en soledad, quería también saber que le amaban. ¿Pedro, Me amas? Jn 21,15-17” No le preguntó por la fe, le preguntó por la capacidad de ser compañía. Esa necesidad de saber que nos aman, quedó bendecida  por Jesús como una necesidad humana, no como un déficit.

La soledad hay que comprenderla en diversas lenguas y en diversos lugares .Jesús se sintió también abandonado al final de su vida y se quejó.   ”Dios mío, porqué me has abandonado” Mateo 27,46  exclamó  en la cruz. Llama la atención que dentro de la iglesia se haya puesto tan poco interés y medios para acompañar la soledad de las personas y para conocerla. Además de lo que han ido apareciendo, la insoportabilidad del silencio de los otros y el abandono lo conocen bien en el trabajo las personas que sufren acoso,  o los niños y las niñas a quienes   hacen bullying,  en las comunidades religiosas donde ignoran o ningunean a algún miembro de la comunidad, en la pareja cuando el marido maltrata, en la familia cuando se abandona a los hijos y a los abuelos, en la iglesia cuando no perteneces aun circulo íntimo o de poder, lo que supone de facto una segregación a todos ellos y ellas les dice nos dice Jesús    “No os dejo solos” Jn14,18. El seguidor de Jesús no puede dejar solo a nadie. Acompañar la soledad es una vocación y una responsabilidad ética.

En soledad también resuenan, los anhelos, y es necesaria para el encuentro con Dios: “Eres tú el amigo que quieres narrar en mi una historia que me sucede” dice el mártir del Atlas  Lebreton, hablando a Jesús de su amistad con él. “No os llamo siervos, sois mis amigos”Jn15, 15  ¡Sois mis amigos!   Nos repite Jesús. Todos compartimos la posibilidad de la amistad de Dios. La amistad que  es relacionarnos sin miedo con lo que no conocemos, con lo que no sabemos de los demás y de nosotros mismos y potenciarnos unos a otros. La amistad donde las amenazas del aislamiento se diluyen. A Jesús le preocupaba la soledad y deseaba la amistad. A Jesús el viernes santo le dolió la soledad  en la que le habían dejado sus discípulos. Se sintió abandonado por ellos.

“Tu amistad me cura el alma”  decía  el  premio Cervantes J .Gelman en alusión a Santa Teresa por su pasión por la amistad y la amistad de Dios.

Dios se revela como origen y sostén de toda realidad, como compañero de camino, solidario con nuestro sufrimiento. Dice Jesús en este pasaje “Puedo dar testimonio de mi Porque se a donde voy”  Jn8,14:  Se refería  a  su  crucifixión; y por ello nos puede, nos quiere entender. Afrontar la realidad adversa y encontrar a Dios como el compañero de  sufrimiento, y  como contenedor de nuestros  anhelos eso ofrece Jesús.” Quien me siga…. tendrá la luz de la vida”Jn8, 12, tendrá en él, o en ella, todo el misterio de la creación. Jesús nos brinda una amistad personal y comunitaria y sin embargo la iglesia con su sistema de condenas a los y las “distintos”   ha privatizado  la amistad de Jesús como hicieron los judíos con la santidad.

Dice  Juan Gelman que los místicos viven la soledad como ”la marca de una ausencia que no cesa de no escribirse” “es un exilio de sí mismos”. En el cantico espiritual de San Juan de la Cruz, el místico y poeta por antonomasia nos cuenta  que la soledad  se puede vivir como una preparación  para el Amor.  El  canta  en sus versos a” a otro tipo de soledad La soledad  sonora” que se llena de sentires,  a la música callada que es inteligencia sagrada decía O. Paz. La soledad no es sólo condición sino también camino para el encuentro con Dios y con el mundo, dice el santo, del que celebramos en Segovia su año jubilar   “En soledad vivía y en soledad ha puesto ya su nido, y en soledad la guía a solas su querido, también en soledad de amor herido”

¡Me voy, pero no os dejo solos!

 

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