Novedad y asombro: 

Dejar que la vida te hable de Él [i]

“Jamás hombre alguno ha hablado como Él” Jn 7,45. 

Poder admirar al ave que vuela y no cazarla. El ave cuando la cazas, muere. Desprendernos de nuestra avidez, nuestra necesidad de dominio, de méritos es un buen comienzo para encontrarnos íntimamente con Dios y como consecuencia  con el mundo; también facilita la relación entre los seres humanos. En este evangelio fueron los guardias a cazar a Jesús por orden de los fariseos y sumos sacerdotes, a apresarle, y quedaron extasiados. Expresaron el vértigo que les produjo escuchar a Jesús. No parece una experiencia cognitiva de saber, es de sabor, de huella “Jamás hombre alguno ha hablado como Él” Jn 7,45.  Fueron a apresar a Jesús pero optaron por escucharle primero. Aparcaron las prisas, se pararon a admirar el ave que vuela y no la cazaron.

Ir a Dios sin prisas, sin carnet de identidad; las prisas son malas para todo y más  en la oración; el sentido de propiedad de Dios lo destruye; entorpece mucho la avidez de ir más lejos, de conocer cosas nuevas, caminos espirituales nuevos que se han puesto de moda,  pues vas de uno a otro sin dejar huella en ti ninguno de ellos. He conocido gente consumidora de experiencias de espiritualidad, la avidez se come el misterio y la fecundidad de la espera. Sería bueno preguntarnos: ¿de las rosas que  plantamos  cuántas siguen encendidas?

La ansiedad es distinta que el deseo. El deseo del que hablaba Santa Teresa para encontrarse con Dios. La ansiedad no nos lleva al puerto de Dios. Sí lo hace  el deseo limpio y tranquilo. Una de las cosas que se dirimía en torno a Jesús era si era hijo de Dios. Las élites religiosas lo rechazaban. Los guardias sin embargo lo intuyeron y proclamaron: “Jamás hombre alguno ha hablado como Él”Jn7,46. Supieron de Dios, supieron del amor de Dios en contacto con Jesús.  “El amor es creador de conciencia” decía Galdós.  “El amor es lo divino que nos llama“, decía S. Weil.

Los guardias supieron pararse  y aparcar las urgencias cazadoras, el mandato que les había llevado hasta Él. La avidez y la prisa se llevan todo por delante. Sujetos andamos a leyes, a mandatos, autoridad y notoriedad, y se apaga el  fuego del espíritu. Ante el impulso de correr, la necesidad de andar pausado: los guardias se pararon a escuchar. Me recuerda esta experiencia a la Atención de la que hablaba S. Weil que aseguraba que “en su máxima disposición te encuentras con lo divino.”  Y añadía: “Los bienes más preciados no deben ser buscados, sino esperados”. La Atención es una apertura a la luminosidad del mundo, al Otro, a Dios.  La Atención sin voluntad de apropiación, sólo deseo de Bien. ”La esperanza del Reino será esperanza en una bondad libre y gratuita de Dios”. Éste será el gran cambio que introduce Jesús con su vida, según Andres Tornos teólogo, amigo y maestro, y claro, los que se consideraban llenos de méritos no le entendían no aceptaban a Jesús.

No me gusta el título de Camino de perfección del libro de Santa Teresa. De hecho, creo que ella lo llamó “Camino de Vida”. Sus censores le cambiaron el título, un título más adaptado a las “neuras” y a la avidez inquisitorial, a la falta de respeto a la actividad y el talento de las mujeres. La palabra perfección te mete en un camino continuamente comparativo y en la vivencia continua de la insuficiencia, a veces enfermiza; es juzgarte eternamente insuficiente porque no estás a la altura. Prefiero despertar al corazón al Dios del amor, el Dios providente, no el de la impotencia. La desconfianza soterrada de que las intenciones no son puras, las proclamas de una perfección sin mancha, una perfección neurótica que se alienta y se alimenta con demasiada frecuencia, te cierra el corazón, nada que ver con la Encarnación. Ellos repiten en sus sermones que la Virgen dio a luz sin manchar, ni romper  !Vaya forma de entender el parto! Yo prefiero pensar que María dio a luz y abrió el Misterio de Amor más profundo y universal a toda la humanidad.

Las metas te obligan a preguntarte por cómo lo haces, y la perfección es una meta: ¿Lo hago bien, lo hago mal? Te centras en ti misma, en vez de buscar su huella, descubrir su presencia divina como les ocurrió a los guardias; ellos no buscaban la perfección iban a apresarlo, pero se pararon a escuchar y sucedió  que un torrente luminoso de virtud brotó en ellos con tal fuerza que se enfrentaron a los sumos sacerdotes, diciéndoles que Jesús estaba muy por encima de ellos, que Jesús estaba en el primer día de la creación: ”Jamás hombre alguno ha hablado como Él”.Jn7,46 ”La fe es esa experiencia en la cual la inteligencia es iluminada por el amor sobrenatural” S. Weil. ”Cada una de nuestras lámparas pueden seguir significando en la noche del mundo la certeza del día que ya está aquí”. Christian Lechergué mártir de la intolerancia. Es bueno pensar en esto ahora que vivimos en una sociedad fría y oscura, una sociedad acostumbrada al dolor. Convertirnos en voz y en luz puede ser un camino.

Con Jesús se hicieron libres y por ello fueron capaces de responder  con responsabilidad, que ambas caminan de la mano. La pregunta ¿cómo avanzo en mi perfección? sobra,  porque  la gracia es un don que se nos da gratuitamente, no depende del esfuerzo que hagamos.” Dios hace su presencia por su bondad, no por exigencias, méritos o derechos” A. Tornos. Dios habitó en ellos, los protagonistas de este pasaje. Donde el amor habita, opera una energía sobrenatural. ”Jamás hombre alguno ha hablado como Él”.Jn7,46 “El amor es generador de sabiduría: Te hace conocer, es creador de vida,  de luz y de conciencia”. Decía  M. Zambrano.

Cuando era pequeña y empezó la misa en castellano, al comienzo decíamos “Llegaré al altar de Dios, al Dios que es mi alegría”. Aquello me llenaba la vida de esperanza y de alegría. Ahora se empieza por el “Yo pecador“ y creo que erramos mucho empezando la liturgia  con ello. Las palabras y los gestos que hacemos importan mucho. La relación entre la gracia y los procesos intrapsíquicos es grande. A veces la liturgia está llena de palabras que pueden tener significados que no conectan con nosotros ni nos conectan con Dios.  No pocas veces utilizamos palabras que hemos vaciado su contenido. Por ejemplo: Misericordia de Dios que siempre nos conecta su significante  con una compasión paternalista, bobalicona. Una mirada muy reduccionista. Se priva a la misericordia de Dios de todo contenido mistérico. Las palabras que son receptáculos de sentido y mucho más cuando nos referimos a Dios, su repetición  descolorida y acomodaticia ponen en evidencia un contenido vacío de Misterio y de su capacidad nutritiva. Nos quedamos sin saborear su experiencia, no dejan huella, no encienden el fuego del amor. Una misericordia que no encarnamos, a lo más, reproducimos estampitas. Pronunciar la palabra agua no calma la sed, con la palabra Misericordia sucede lo mismo.  “La crisis de las religiones es una crisis de lenguaje, han hablado demasiado. Se han vuelto demasiado previsibles, sus repeticiones delatan su tendencia  a instalarse y su tentación de reducir el Misterio a lo evidente”. J. Meloni. Cuando hablamos de la misericordia de Dios nuestro corazón debería llenarse de reverencia, debería manifestar un estado del alma; la palabra Misericordia  referida a Dios debería de dejar en nosotros una huella en el alma que nos hiciera exclamar como los guardias: “Jamás hombre alguno ha hablado como Él” Jn 8,46

¿Qué despiertan en mí estos hechos que relatan este pasaje,  estas palabras, estos personajes?  ¿Con qué parte de mi vida conectan, qué me dicen de Jesús, qué me dicen del Dios de mi vida me pregunto al leer este evangelio tan cortito como sorprendente? Para comprender a Jesús y entenderle hay que escuchar también a estos personajes que aparecen en este pasaje y el contexto.

Pensaba la mística y filósofa S. Weil que hay que “mantener vacío ese lugar de lo absoluto a disposición del verdadero Dios” Lo personal en nosotros es lo relativo al ego, lo que nos ata al prestigio social, al derecho a la consideración; lo accidental, la apariencia, todo lo que está expuesto, todo lo que vive y se fabrica en la imaginación. La atención es la apertura del ser humano a lo que le rodea y no menos a lo que ocurre dentro de sí. La atención: una espera, una espera que no es de tiempo, que es una forma de vivir, es de contenido, que te hace estar en el mundo de manera más profunda y bella, más fértil. Una espera que te “hace”. La mística francesa nos invitaba a la  práctica de la Atención que es un estado receptivo y abierto que participa en la naturaleza sacramental del mundo. No es un gesto, es una espera. Cuando atendemos a lo vivo, nos llenamos de vida. La Atención es un aprendizaje pero la experiencia de la misma, es un don.

 

Los guardias ante la pregunta de los sumos sacerdotes “¿Por qué no le habéis apresado? Jn 8,46 trataron de contar la huella que había dejado Jesús en ellos: Su palabra es irrepetible. Sólo se puede experimentar, sólo se puede vivir. A mi estos guardias me enseñan a dirigirme en la vida siempre abierta en actitud receptiva, a escuchar, alimentándome en la espera, la espera de lo no conocido ni buscado, sin miedo y en libertad viviendo con autenticidad; la orientación hacia la autenticidad se concreta en reconocer, descubrir lo que realmente moviliza, frena, alimenta tu actuar de cada día. Jesús hace que lo que tengas a tu alrededor sea valioso, y lo goces. Cuanto más verdaderos seamos, más cerca de Dios estamos. No desprecies nada de lo que tengas, nada de lo que eres, aunque sean sombras, de ello saldrá la luz. Debajo de una tierra seca hay siempre un manantial.

Todo el evangelio pone en valor la experiencia de la vida y en ella se amplía el campo de la conciencia. “En el evangelio hay un don permanente, una virtud iluminadora transformante… no se recibe más que en las profundidades vertiginosas de la esperanza” Magdaleine  Delbrêl.  Tú sólo tienes que disponerte a ello con fe. Necesita de la responsabilidad personal. No viene de forma mágica. Yo me acerco al evangelio pensando que en cada pasaje está toda la historia de los que se han acercado a Jesús y  que nos conecta a sus dudas, a sus preguntas, a sus bondades, a sus gozos, sus enfermedades, sus risas,  su dolor, su desventura, su amor,  su generosidad, su fe. Siento que sus historias me acogen y a todos los hombres y mujeres a los que la Palabra de Dios quiere llegar.

No nos dirigimos a Dios de forma aislada, es la singularidad cristiana; no podemos prescindir de los demás porque están en nuestras costuras, bien porque los amamos, bien porque los cuidamos, bien porque los  ignoramos, despreciamos. No vamos solos a Dios, nos llevamos en nuestro interior las vidas de los demás y su impacto en las nuestras, la huella que dejan en nosotros, no podemos ignorarlo. Este evangelio nos cuenta cómo los que mantienen este sistema de desigualdad que se perpetúa hoy tanto en la iglesia como en la sociedad, son los que matan a Jesús.

Este evangelio, la vida de Jesús  se desarrolla durante una gran crisis de identidad social y religiosa en Israel  con un colectivo  dirigente religioso  muy aferrado a sus normas principios y leyes  y un Jesús diciendo a Nicodemo que empieza un tiempo nuevo y no vale reciclarse  “hay que nacer de nuevo” Significa conversión, y ello requiere de nuestra libertad, responsabilidad personal, también de la esperanza.

¿Cómo llevamos nosotros a otros el fuego de Jesús que nos ha regalado? ¿Nos parecemos a estos guardias?

Es difícil ser profeta en tiempos de desdicha como lo fue Jesús, preparar caminos que lleven a lugares mejores, caminar a la suerte de una nueva salud: Nacer de nuevo. Ir más allá de lo que pensamos no es fácil porque desafía el pensar. El imaginario de lo secular y lo sagrado se encuentra en crisis. La crisis del capitalismo y el fin de una forma de pensar,  de comprender las relaciones con el otro, una manera de convivir y cohabitar y en ello entran todos los estados de vida tal como los comprende la iglesia que está también inmersa en el capitalismo; como él sufre una gran crisis de identidad  y también de lenguaje. “La iglesia se engaña y engaña al mundo cuando se sitúa como una potencia entre otras o como un movimiento evangélico espectacular, puede brillar pero no arder con el fuego del amor de Dios”. Beato  P. Claverie, obispo asesinado en Argelia, mártir de  la intolerancia.

El progreso ilimitado es una falacia y la perfección también, como la meritocracia. El ideal del eficientismo, crea unas condiciones culturales que promueven el rendimiento y el triunfo competitivo como valor predominante. De ello también se nutre la pastoral de la iglesia. Dan paso al individualismo, obsesionados por la eficiencia y el logro y afán de rendimiento.  El Papa dice “que nos hunde y nos lleva por delante  a todos”.

Rescato una cita de S. Weil que además de filósofa, mística, tuvo actividad política en la segunda guerra mundial, una cita referida al trabajo. ”Nuestra época tiene por misión  propia, por vocación constituir una civilización fundada en la espiritualidad del trabajo”. Nadie salvo ella y  el Papa Francisco se han tomado tan en serio la condición obrera y el trabajo. Pero muy pocos en la Iglesia se lo toman en serio. De ella dijo A. Camus, el Nobel de literatura y autor de La peste:   “Es el único gran espíritu de nuestro tiempo, supo  diagnosticar la enfermedad y discernir los remedios.” Ella decía que: “No es suficiente vencer los totalitarismos, urge repensar la democracia“. En aquel maladado tiempo supo ver ya el agujero de la democracia. Merece la pena conocer su  corta vida. Murió a los 34 años.

Se necesita lucidez y osadía para actuar y pensar un tiempo nuevo, y eso es lo que promovía Jesús; lucidez y osadía para reelaborar nuestros paradigmas normativos que se han desarrollado  en el sistema patriarcal, nos afecta mucho a todos y sobre todo  a las mujeres dentro de la iglesia, y  también fuera, porque la iglesia sociológicamente tiene una gran influencia. En este evangelio se está jugando un sistema de vida que habían puesto en pie unas élites sociales culturales arropadas con el manto de la religión a las que Jesús se enfrentó, avisándoles  que no pertenecían al Reino de Dios. Con Jesús «La esperanza del Reino será esperanza en una bondad libre y gratuita” A. Tornos. Se estaba juzgando la vida de Jesús por ello. Ahora también.

La frase que dijeron los guardias de admiración profunda y reverencia de Dios me conectó  entre otras cosas con la pregunta  ¿Qué es la vida espiritual cristiana hoy? ¿Qué influencia tiene en nuestra vida la espiritualidad evangélica de Jesús? ¿Por qué es distinta para laicos y clero o consagrados? Hay muchas tradiciones espirituales muy fecundas indudablemente.

El camino espiritual del evangelio es el de la encarnación, aceptar ser anónimo, renunciar al prestigio y consideración social, soportar la desnudez de la intemperie… para que Jesús se haga en nosotros, fraternidad con los amigos y con los distintos, denuncia de la injusticia; todo ello es una forma de vaciarte, siempre atenta a la espera de Él. El camino puede realizarse respondiendo a las demandas cotidianas de amor,  justicia y esto lo hacen tanto los célibes como los no célibes. Se habla del  Amor desinteresado de célibes y consagrados que dan su vida; pero ¿Qué es? ¿Puede haber un amor sin interés?

¿Cómo veo yo el amor y la espiritualidad desde el evangelio? Se nos invita a amar a otro por sí mismo, como una madre  ama a su hija que está gestando, le da vida y amor sin conocerla, esa capacidad que es don de Dios  pues es su forma de amarnos. Este amor llena la vida de forma real. La espiritualidad del contacto físico. Del amor físico. Una espiritualidad más amplia que promueve el amor incondicional, que está llamada a cuidar y cuidarnos,  y éstos son valores a cultivar por  todos los miembros de la familia, pero también de la sociedad;  una espiritualidad de la ayuda mutua. Ayudarnos sin fantasías ni abstracciones, ni sublimaciones,  sino  amor y servicio atento a las necesidades  del que está a tu lado, con quien te acuestas por la noche y te levantas  por la mañana,  o las veces que sean por la fiebre del hijo, las sábanas mojadas,  la tos insistente y nocturna del abuelo de por la noche, el hermano que pasea a su hermana con discapacidad o el pañal que cambia el hijo al padre, o ducha a su madre. Esto sí que es un ascetismo, esto sí que te desnuda. Lo más espiritual será amarlos a ellos que te despiertan por la noche  y te besan o te necesitan por la mañana, para salir corriendo a ganar el pan  que comerás con ellos, perdiendo vida en el trabajo, y volviendo a casa sabiendo que no te llega para pagar la luz  o el agua y con todo, abrazarlos a todos. Y mirarás y cuidarás a tu hijo o hija porque en cada niño o niña que nace está la esperanza de que mejore y cambie el mundo.  Esto es una gran desnudez, la más profunda la más limitante.  Esta vida habla del amor de Dios ¿por qué no es Sacramento de Dios esta historia de amor entre padres, madres   hijas e hijos? ¿Por qué insisten en que es superior la vida célibe y consagrada? Esta forma de ser magnifica el estado, no el espíritu que nos habita a todos. El amor es la mirada del alma, es detenerse un instante, es esperar y escuchar, es estar atenta, como el siervo del evangelio que “vela y escucha“. Esta experiencia está abierta a todos y todas. Teresa de Jesús encuentra el acceso a Dios en lo concreto de la vida humana. Eso dicen los especialistas. Tanto el amor desprendido como la oración revelan el verdadero yo, condición necesaria para entrar en contacto con Dios. La vida  en el nombre de Jesús es una vida que no se deja aprisionar, ni categorizar. Jesús no se situó en torno a un sistema de valores, estados de vida, y mucho menos en las élites, sino que movido siempre por el Espíritu situó la vida de sus seguidores en torno a las Bienaventuranzas que son la forma de vivir en el Espíritu. No hay nada que asegure la presencia del Espíritu, sólo un corazón encendido, y todos podemos tenerlo.

Estamos llamados a testimoniar el amor recibido: Concreciones de amor no ideológicas y segregadoras, a encontrar la bondad en los actos que realizas no en el estado de vida o estatus, con un sentido de adoración en la vida a cuidar y alimentar la vida de los otros, no generando estigmas ni élites,  apremiados a ser destellos de Dios en el mundo, que están más allá de la moral católica. Si las “virtudes” con las que nos revestimos  no nos han hecho conocer la bondad  de la gente que nos rodea, de nada nos sirven.

Nacer de nuevo no poniendo resistencia a nada ni a nadie, dejando que la vida te hable de Él, y que se conmueva tanto nuestro espíritu y nuestro corazón que podamos anunciarlo y exclamar gozosos: “Jamás hombre alguno ha hablado como Él”

 

 

[i] Cuando los guardias volvieron, los sumos sacerdotes y lo fariseos les preguntaron:

 

¿Por qué no lo han traído?

 

Ellos contestaron:

 

– Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre.

 

Replicaron los fariseos:

 

– ¿También vosotros estáis embaucados? ¿Quién   de los jefes o de los fariseos ha creído en él? Sólo esa maldita gente, que no conoce la ley.

 

Nicodemo, uno de ellos, que había acudido a Jesús en otra ocasión, les dijo:

 

– ¿Acaso nuestra ley condena a alguien sin haberlo oído antes y haber comprobado lo que ha hecho?

 

Le contestaron: ¿también tú eres galileo? Estudia y verás que de Gallea no salen profetas.

 

(y cada uno se marchó por su lado)