El Poder el  miedo. No temas.

En este tiempo de pandemia escuchamos mucho la palabra Miedo. Y el  miedo nos quita la capacidad  para ver y capacidad para vivir, justo lo que más necesitamos ahora.

A continuación ofrezco un capitulo de mi libro “Volver a casa con Jesús” reflexión desde el evangelio de “La hemorroisa y la curación de la hija de Jairo”  (Marcos 5, 21-43) que aborda este problema del miedo entre otros.

El poder del miedo: !No temas!. capítulo III

 

Las palabras que Jesús dijo a Jairo en este evangelio, se dirigen también a nuestro interior. “No temas”, “no temáis” es lo que dice. No le da lecciones de cómo controlar ese miedo. Le lleva con El, a mirar la vida, para que no la tenga miedo, para que entre en ella. El miedo es una emoción que otorga poder a

quien no lo tiene. Es como un fantasma, da poder a lo que no existe.

 

No temas, le dice, cuando sus amigos le cuentan que su hija ha muerto. Me llama la atención que uno de los mensajes más claros y repetido en las escrituras es “No temas”. El ángel de la anunciación, las primeras palabras que le dice a María son: “No temas María”. El miedo, el temor son un muro para recibir a Dios, para encontrarte con El, para engendrar vida. El temor te ata a las cosas que te asustan, y te esclaviza. El temor también, te separa de Dios. El miedo lo transforma todo y lo atrapa en la tiniebla. El miedo cercena la esperanza.

 

No temas, que Dios te conduce, parece que le dice Jesús a Jairo, cuando sus amigos le dicen, que su hija ha muerto. No temas, no te detengas en lo que te inquieta, pues tu espíritu, conocerá de nuevo la paz. “Aunque la noche me asalte y me confundan las sombras, ¿a quien temeré?” dice el Salmo.

 

No temas, ten fe solamente” decía Jesús a Jairo; ¿A qué le invitaba Jesús realmente? ¿Le invitaba a huir de la experiencia, a evadirse? ¿le invitaba a adoptar una piadosa actitud?. Parece que no; porque no tener temor, es vivir la experiencia y dejarte penetrar por ella, sea cual sea; no tener temor, es conocer los dinamismos

 

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de la realidad que te asustan, tu papel en medio de ella. No tener temor, es buscar respuesta ante los sinsentidos, acoger la pregunta que nuestra propia dinámica nos presenta. Descubrir a Dios, que emerge en ellos. Escuchar el silencio cuando no hay respuestas, y vivir con el silencio de Dios, tantas veces presente.

Solamente ten fe, dice Jesús. Dios está en esa realidad.

 

Los amigos del jefe que se encuentran con Jesús, dan la última palabra a la muerte y se van. No molestes al maestro, le dicen, tu hija ha muerto; y dejan al amigo; es el miedo a la novedad de la vida. Jairo rompió el miedo a la vulnerabilidad, postrado expresó su in midad y su necesidad a Jesús y continuó. En el camino la hemorroísa se acercó como pudo, presentó a Jesús su miedo, su exclusión, por eso fue por detrás. Por detrás y por delante, se acercan a Jesús. El varón por delante empezando a conocer lo que es el miedo a perder; y la mujer, por detrás, el miedo hecho vida.

 

¡Qué bien conocía Jesús el poder destructor del miedo!

 

El temor es una de las emociones más presentes en el ser humano y siempre andamos intentado esconderlo. La mayoría de las veces, el miedo es muy difuso, pero tiñe la vida. Otras veces el miedo se hace concreto; hay un miedo a las personas, a los diferentes, extranjeros, excluidos; y ese miedo tiene implicaciones en nosotros y en los otros. Nos separamos. El miedo es una barrera, es un muro. El miedo te hace huir de la vida, de la vida exterior que se manifiesta, o de la interior que quiere brotar; el miedo impide que se sanen las heridas porque te dificulta el encuentro sanador. El miedo es distinto a la preocupación. A veces tenemos miedo y creemos que estamos preocupados. El miedo es un sentimiento negativo, muy versátil y destructivo, que sólo ve el yo amenazado; que te hace estar centrado sobre ti mismo. Te hace estar centrado en tu carga, en tus preocupaciones, generando angustia y más miedo. El miedo como buen fantasma, a veces, se disfraza de otras emociones más respetables, para poder ejercer mejor su influencia, como son el enfado y la tris-

 

 

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teza. Es más fácil decir estoy triste, que decir: tengo miedo. También el odio puede ser miedo, odiamos lo que tememos.

 

El miedo enfermizo lleva a la desconfianza, a la hostilidad, a la angustia; y nos impide afrontar la vida, la realidad, con soltura y armonía. Pero en este evangelio, vemos, si seguimos con Jairo, que Jesús sopla siempre en la dirección del consuelo, del amor, de la apertura a la vida.

 

Jesús le enseña a Jairo qué consecuencias tiene ese miedo; por una parte, la exclusión de la vida de los diferentes y de la nuestra propia; porque nos perdemos nuestra vida en ellos.

¡Qué gran injusticia!

 

Le pide, que no tema, y le lleva a estar, a mirar y pararse, ante una mujer, que el miedo y la irracionalidad le han echado de la vida. Son dos formas de encontrarse ante Jesús que acoge, el que rompe con las exigencias de la sinagoga, se expone a las iras de los suyos, rompe con el miedo de la aceptación, y la mujer, que rompe con el miedo de ser mujer señalada en aquella sociedad. El miedo hace a la gente intolerante, fanática, intransigente.

 

Jesús le enseña a sentir compasión y misericordia, que son un buen antídoto para el miedo.

 

La inseguridad afectiva es caldo de cultivo del miedo. El miedo enuclea muchas vidas, un miedo inútil, pero poderoso. El miedo a no estar a la altura, a no ser aceptados, el miedo a fracasar, el miedo al abandono, a morir… Jairo tenía miedo a perder a su hija.

 

No eligió Jairo como a veces hacemos nosotros, el camino de calmar el miedo; si lo hubiera hecho habría perdido una gran oportunidad, se habría quedado rehén de su miedo y angustia, anclado en el pasado y le hubiera impedido ese encuentro profundo con Cristo, indudablemente con su yo más profundo, entrar en la verdad que libera. La verdad que nos hace libres. Por ello, Jairo sigue acompañando a Jesús en el proceso de sembrar

el reino de Dios. Es un testigo de ello. ¡No temas!

 

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El amor, se contrapone al miedo. Tú, Señor, empatizas ese dolor y lleno de ternura le dices: no temas. No escuches a los que vienen diciendo que no hay esperanza. No los escuches. No entres en esa dinámica. Señor, en cuántos problemas de la vida, se exclama: tendrá que ser así; que tu reino y justicia no es real; que es una utopia. Pero Tú nos estás diciendo, que busquemos en el aparente fracaso de tu Reino. “No temas”. No hay esterilidad en la vida, la vida toda crece en nosotros y de nosotros depende el espíritu con el que crece. Bendito y alabado seas.

 

Si Jairo quisiera ser discípulo de Jesús, seguro se preguntaría ¿Qué es eso de vivir el Reino? Parece que buscar el Reino de Dios es curar la vida y acoger. Esto es lo que hace Jesús en este pasaje. Ante la noticia de la muerte de su hija, el cálido corazón de Dios, “No temas”. El amor de Dios es un amor con

memoria de madre, es fecundo. Ante el miedo, el sobresalto de Dios como una memoria materna. “No temas siervo mío, Jacob, mi cariño, mi elegido” Así de tierno habla Dios.

 

Me complace Señor, tu ternura, tu protección, tu misericordia. Me gusta este: No temas, que dices nada menos, que al jefe de la sinagoga. Solamente ten fe. Fe ¿en qué, Señor? ¿De qué fe le estas hablando? ¿qué fe le estás pidiendo? Parece que es que confíe en ti, que confíe en la vida. Creo que Jesús reconoce el enorme paso, que ha dado para pedir a Jesús: Jesús acoge la necesidad de Jairo bajo su protección y enseñanza. No temas, no gastes el tiempo en el miedo. Solamente ten fe.

 

¿Nos está diciendo a nosotros estas palabras hoy? Jesús se dirige al corazón de la vida, donde se fraguan todos los temores y sufrimientos; nos está diciendo qué hacer cuando nos golpee la desgracia, como dice el Sal 70 “Cuando el corazón del mundo, es espeso como grasa”. No temas, solamente ten fe.

 

Ciertamente, Jairo, continúa a tu lado hasta su casa, ante la mirada de la gente; manifestando, que ha apostado por ti; y la gente, posiblemente piensa, que ha perdido. “Para qué molestar

 

 

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al maestro”. Jairo acogió la buena nueva, acogió a Jesús en su corazón y Jesús le habló a su corazón: “No temas”. Realmente, el no temas a Jairo es todo un desafío para el varón que pierde a su hija; el poder del dolor, el miedo a la enfermedad y la muerte prematura es muy fuerte, y muy difícil despejar de los adentros.

 

Es el consejo de Jesús. El miedo te hace perder el contacto con la vida, el miedo oscurece la realidad, el miedo te hace másdifícil ver las obras de sus manos. Ser valiente en realidad no es superar el miedo, sino llegar a conocer su naturaleza; pero tenemos miedo a conocer. El viaje interior, el viaje a nosotros mismos, nos abre a nuestros miedos más profundos. No temas; Jesús, en su paso por la tierra comprende el dolor de los seres humanos, aquí,

del padre de la muchacha, el padre que pierde a su hija.

 

Este no temas, Señor, se lo dices a todos, pero no llega a la mayoría tu caricia ¿Por qué? ¿Por qué se ceba el dolor con los más débiles?

 

El jefe de la sinagoga –No dice nada– sólo sigue a su lado. Silencio ante el Misterio, escucha del dolor, la impotencia de los otros y estar a su lado. Tu compañía, Señor, que es paz, armonía, ternura, compasión, y atención a la vida toda; tu vida que es responsabilidad con el que sufre y compromiso de despertar vidas.

 

No tengas miedo. No tener miedo, no es pensar que no pasa nada, que nada nos puede perturbar; eso, es una insensatez. Disipar el miedo, tampoco es despejar el horizonte del mal, el dolor previsible; es vivir, saber vivir, en la certidumbre de que el dolor y el mal, no nos podrá dañar profundamente. El miedo es la gran barrera que nos separa de la vida. Jesús quiere que no nos separemos.

 

Ante el hondón de tu miedo, ten fe; pero ¿qué es la fe? Podemos decir que la fe es una actitud, una conciencia, una forma de vida, que tiene que ser recibida cada día de Dios; la fe es “un aliento”, es un soplo, que transforma las sombras en luz. La fe disipa el miedo. Es el aliento de Dios que te hace vivir junto a El.

Cuando venga el miedo, escuchar al espíritu. Allí, está EL.

 

 

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A Jairo, Jesús, le hace caminar lento; así aprende, a no dejarse devorar por la ansiedad. El miedo te hace correr, la valentía sabe esperar.

 

Si damos por sentado que ha iniciado un proceso de conversión al encontrarse con Jesús; poder dar la espalda al ego, exige tiempo; lo mismo que renunciar a su imagen, con toda la carga de obligaciones, con esa necesidad de que todos te admiren; este tiempo y esta renuncia va a facilitar disfrutar de la novedad que trae Jesús y compenetrarte con Él. Le enseña Jesús a vivir sin prisa; le para en el camino, para mirar sin prisa, para esperar la vida. Las cosas, los acontecimientos que dejan huella profunda, toman siempre el camino de la lentitud.

 

No tengas miedo, le dice a Jairo. Ten fe. El miedo es lo opuesto a la fe. Por eso le pide a Jairo que salga de sus preocupaciones y se fíe de El. No le dice  dónde va. Sólo ten fe. Jesús le invita a salir de si mismo, así se comienza el camino, no dando pasos; y en esa decisión que toma Jairo de seguir con Jesús, le está poniendo ante la situación de renunciar al poder, al ansia de

renombre, al orgullo y amor propio, con ese afán de reconocimiento, prestigio y alabanza, que tanto nos envuelve, y tanto envolvía a los fariseos de entonces. Le pide que salga de su centro, de su sinagoga particular, del propio predominio de ser un notable y se vaya con Él; que esa ansia de renombre se va a trasformar, en reconocimiento de otras personas, las que no cuentan. Y posiblemente comprobó Jairo lo que dice el Eclesiastés: “El Señor arrancó las raíces de los pueblos y plantó en su lugar a los oprimidos”. Lo pudo ver, en lo que Jesús hacía.

 

Este hombre, tenía una función, un estatus, que indudablemente le hacían estar muy centrado en si mismo. Las luchas de los fariseos eran por el predominio de unos sobre los otros; de aparentar, ser bien vistos. De hecho le preguntaban a Jesús para esto, para darse importancia. No deja de ser, de ejercerse con ello, una forma de poder. Los apóstoles también lo buscaban,

 

 

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ellos lo hacían directamente, pidiendo a Jesús estar a su derecha. Pero, Jesús les conduce por otro camino; les va a llevar a conocer y reconocer, a los que no tienen poder.

 

El miedo tiene que ver también con el deseo de poder. Un poder, que paradójicamente te va a ser esquivo, porque el miedo te inhabilita poco a poco.

 

Creo que Jesús quiere liberarnos de las estructuras del miedo y situarnos en una apertura, donde, con su compañía se pueda mirar la vida, sin necesidad de tener miedo. Jairo acepta silenciosamente, la propuesta de Jesús, y todo en su vida va a cambiar.

 

El miedo produce mucho ruido y oscuridad, obstaculiza el camino al corazón. El miedo paraliza, atenaza, confunde. Sobre todo confunde; cuántos actos de la vida que creemos que son prudencia, son miedo; cuantas actitudes que creemos que son respeto, son miedo; cuanta humildad aparente, no es más, que sometimiento por miedo y creemos que es virtud. “Almas cobardes con amparo de humildad” decía STJ. El miedo te separa de tu realidad, te impide vivir el presente, que es donde vive el ser que somos, la verdad que somos. El miedo habla también de nosotros mismos, Habla de nuestros valores, tememos perder lo que amamos, lo que nos gusta, lo que deseamos. Los miedos colectivos, nos hablan de los valores de una sociedad, y nos llevan a actuar. Es muy significativo que Jesús se parara ante esta mujer.

 

El miedo te hace que huyas a sufrir un futuro que no existe; sin entrar en la esperanza fecunda, de creer y crecer, en la vida. El miedo indudablemente es un freno que quema el motor de la vida. Te impide el encuentro sanador; en este evangelio, dos personas que vivían entre “los muertos”, les da la libertad de vivir.

 

Llama la atención, que no le dice Jesús, no te preocupes, yo te lo voy a solucionar; era lo que cabía esperar de un hombre milagrero y magnánimo. Le dice, no tengas miedo; el miedo ominoso que tanto daño nos hace, que tantas miradas confunde. Solamente ten fe. También nos lo dice a nosotros. Ten fe. No cierres los ojos

 

 

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a la realidad, a la vida. No te quedes con los ojos dormidos en el recuerdo, si quieres iniciarte en los valores de Dios.

 

Si vas a iniciar un viaje, abre las fronteras del miedo, porque son un freno para el camino, para el crecimiento. Es bueno conocer tus miedos disfrazados o no, porque son una dificultad

para conocerse a sí mismo, porque nos puebla de pensamientos inquietantes, imágenes desasosegantes, ideas dolorosas, que bloquean el viaje a nosotros mismos para orientar y ordenar la propia vida. El miedo es un gran manipulador de nuestras experiencias; enturbia nuestra conciencia, erosiona nuestro crecimiento e impide nuestra libertad. Es bueno conocer también, los miedos de nuestra fe.

 

El miedo y la desesperanza, cierran la puerta a la acción del

espíritu. El espíritu viene a disipar el miedo a infundir valor y una esperanza nueva. Permanecer en el miedo es quedarte en el tedio, en la mediocridad, en la decepción, en la impotencia; y curiosamente no todo está perdido aquí, porque estos son lugares, también, donde puedes escuchar al espíritu. Como pasó con los apóstoles en Pentecostés. “Cuando venga el miedo escuchar al Espíritu”.

 

 

No temáis, parece que nos dice hoy,

que saldréis conmigo,

de estos valles

sordos, oscuros;

sin campanas ni canciones.

Agitaré ternura en la alambrada.

Los ojos de los niños serán como estrellas

Llenaré sus manos de rosas.

 

Jesús en el camino le enseñó a Jairo a disipar el miedo, con

un baño de realidad. Métete en la realidad de la vida: la realidad

ahuyenta el miedo, la imaginación la agita. De ahí tantas técnicas

 

 

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para vivir el presente y la atención plena, para que el miedo no nos dañe. El miedo está en la mente, no en los sentidos. Por eso Jesús le enseñó a abrir los ojos, le enseñó a ver. El camino de una vida sin miedo, es volver a los sentidos; amar y sentir; liberar cuando crece la desconfianza, la inseguridad y la falta de libertad interior.

 

¿Quién me ha tocado?

 

No hay lugar para el miedo en la casa del Padre, no hay lugar para el miedo en el mundo por el que camina Jesús; el valor que derrota al miedo es la fe. Él nos lo ha dejado dicho. Donde crece el miedo, se pierde Dios, se ahoga la bondad existente en nuestro corazón.

 

Jairo acepta los riesgos del viaje. Seguir con Jesús, es un gran desafío para Jairo, en un momento muy delicado de su vida; un gran reto para nosotros, en una época en la que el miedo nos atrapa y debilita tanto nuestra capacidad de amar; ahora que nos agitan tantos problemas que pueden ser fuentes de miedo, quedarte sin trabajo o no encontrarlo, quedarte solo y no valerte por ti mismo, no tener quien te cuide, quedarte sin posibilidad de una buena sanidad, una buena educación, quedarte sin vivienda, quedarte sin sentido de la vida…

 

No olvidemos que las dificultades de la vida, ponen a la vista toda nuestra interioridad, herida y fragmentada; eso, también se convierte en fuente de sufrimiento y nuevos miedos. Escucho hoy de nuevo, para mí; escuchemos hoy, sus palabras: “No temas. Solamente ten fe”. Esa fe, lleva implícita la esperanza en la promesa, que hoy, ante tanta violencia y miedo, nos cuesta encontrar; cuando nos resulta casi imposible llevar encendida la lámpara por la fuerza de los vientos.

 

El no temas, hoy, es una llamada para dejar de enfocar sombras para ver con esperanza.

 

 

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Dejémonos conmover por el profeta Isaías

“Venid caminemos a la luz del Señor;

De las espadas, forjaremos arados

De las lanzas, podaderas” 40,8

“Alumbraré ríos en las dunas

En medio de las vaguadas, manantiales

Plantaré en la estepa cipreses.

Juntos con olmos y alerces” Isaías 40,19

Es la Promesa, es nuestro compromiso, y “fiel es Dios en sus

palabras, amoroso en sus acciones” Sal 14,5.

 

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